viernes, 10 de septiembre de 2010

Las sonatas de Valle-Inclán


Si de mí dependiera establecer con diez obras el canon de la literatura occidental del siglo XX, incluiría, a no ser que me sobornasen con unos milloncitos de euros, las cuatro Sonatas de Valle-Inclán: la de primavera, la de verano, la de otoño y la de invierno. Las recomiendo cuatro veces.
No se puede seguir leyendo y escribiendo igual una vez que uno se las inyecta en vena, porque desde entonces ellas circulan por la sangre en bajeles de oro y azabache seduciendo doncellas y descamisando marineros rusos o luchando a brazo partido con curas carlistas y fornidos. La extrema elegancia de sus frases abruma por sus hallazgos literarios, por esos adjetivos que transfiguran la realidad, por esas imágenes tan hondas, por ese ritmo deslumbrante de sus períodos. Y, por si fuera poco, toda esa belleza formal está al servicio del tema, porque Valle-Inclán no es, al estilo de Gabriel Miró, sólo un buen prosista, sino un extraordinario narrador. Si usted busca la cuadratura del círculo, id est, belleza intensísima de la forma y acción y peripecia en el contenido, tiene en nuestro insigne barbudo lo que busca.
Perdonen ustedes que yo pierda el tino con estas cuatro estaciones. Pero ¿cómo no lo voy a perder si superan en osadía a Sade, pero sin su mal gusto y sin su mala leche, si superan en redondez a En busca del tiempo perdido o La montaña mágica, si suponen en la historia de la literatura un hito tal, que urge encumbrarlas ya junto a los Grandes Raros Exquisitos del Mundo, como Kavafis?
Si usted se ve en el compromiso de tener que obsequiar de algún modo al embajador de Siam o de seducir a un príncipe de los Balcanes o de quedar bien con una devoradora de hombres o, lo que es más habitual, de ser aceptado en una logia de vampiros, regáleles una buena edición de las Sonatas en papel de seda y subraye al azar y con tinta de color violeta una frase. Cualquiera que usted subraye suscitará tertulias de madrugada en un cenador y obras esotéricas que explicarán, ¡por fin!, este incomprensible mundo.
Y, en fin, no digo más, porque, si me voy de la lengua, moriré en un atentado a manos de los miembros de la sociedad secreta a la que pertenezco: ya he dicho más de la cuenta. Sólo añadiré que, si lo lee en verano, pertréchese de té helado para no arder. Así, lo que haya en usted de caballero o de dama se verá colmado de dicha  cuatro veces, una por cada estación.

16 comentarios:

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Me lo apunto pues hoy me quedo sin lectura nueva. Esta noche acabaré de leer "El pez Volador" de Hipólito G. Navarro que ha sido también una revelación a la que llegué por consejo de mi amigo, el bloguero, Bernardo Romero.
Gracias por el apunte, un abrazo.

El alegre "opinador" dijo...

Ahora que estoy buscando literatura "clásica" con enjundia, me viene muy bien la recomendación, porque no las he leído.
Un abrazo.

Blimunda dijo...

A KAVAFIS si que lo tengo yo junto a Miguel Hernández, en el corazón y en el estante(luego vas tú y después Altolaguirre) pero Las Sonatas no las he leído, fíjate, y me han dado unas ganas tremendas con tu entrada. Que bien transmites lo qué te apasiona.
Salud y un abrazo.

Ramón Simón dijo...

Jesús, mira por donde, estos días ando en la lectura de " la montaña mágica" de Thomas Mann. Y pienso que es un libro lleno de imágenes y de reflexión, de tiempo para pararse a pensar mientras saboreas un buen puro depués de almorzar, como los que fuma su protagonista.

Las cosas del destino.

Coincidimos en las lectura de libros. Uf, da que pensar.

Por cierto " Ulises" preparate para el lunes, sorpresa.

Un abrazo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

No cogé ventaja, ¡mi arma!, pues yo apunto El pez volador. Ya eres el segundo al que le oigo hablar bien de él. Gracias a ti también.

Alegre, es clásica y a la vez es rompedora. Si te gustan las frases escritas con la máxima belleza posible y diciendo más de lo que dicen, las Sonatas son ideales.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Blimunda, nunca olvidaré que en tu estante estoy detrás de esos genios a quienes también admiro. Gracias.

Ramón, a mí también me da que pensar tanta coincidencia. Fíjate, y no estoy bromeando, que mi entrada del lunes la estaba escribiendo ahora mismo y, en fin, que también para ti habrá una sorpresilla. Me gustan estas coincidencias, si es que lo son.

Ruben M. M. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ruben M. M. dijo...

Jesús, me has picao... en cuanto pase por una librería, me la compro... y ya te contaré...

Un abrazo,

Rubén.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Ramón, pensándolo mejor, la pospongo para otro día, porque no quiero que nadie piense que lo he hecho por corresponderte, cuando la realidad es que lo he hecho porque me ha dado la real gana. Un abrazo.

Rubén, chócala. Ya eres de mi sociedad secreta.

José María JURADO dijo...

Son muy buenas, pero lo de que

"superan en redondez a En busca del tiempo perdido",

no, no, me cuadra.

Un abrazo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

JMJ, pues quizá me he pasado. Rectifico: precisamente en su incompletitud y fragmentariedad está la redondez de las sonatas, porque uno no echa nada en falta en ellas. En eso consiste su redondez. Pero tienes razón en que En busca del tiempo perdido es más completa, aunque, eso sí, más peñazo.

Anónimo dijo...

Pues, a mí me parece más entetenido Proust que Tolkien.

Fdo: el agente provocador...

Un abrazo, Jesús.

José María JURADO dijo...

El anónimo, como el Estado, soy yo, y es que como buen Bradomín, feo, católico y sentimental, maaaaaato por Proust.

Un abrazo, Jesus.

Jesús Cotta Lobato dijo...

José María, ya decía yo que ese anónimo me conocía bien y me ha dado donde más puede dolerme: en Tolkien. Bromas aparte, haces muy bien en matar por Proust y retiro lo que he dicho antes del peñazo. Pero lo siento mucho: para desagraviar a Tolkien, pienso colgar ya mismo un canto a su obra. Un abrazo, amigo y ¡viva Proust!

Olga Bernad dijo...

Ostras, qué valiente el Jurado, yo entraba a darte la razón educadamente sólo para preparar el terreno y mostrar mi especie de indignación ante el maltrato sufrido por Proust (que, por cierto, también me parece más entretenido que Tolkien, aunque eso me cuesta insultos por parte de familiares y amigos, ay)y veo que se me han adelantado.
De Valle, las acotaciones en las obras de teatro. Luces de Bohemia for ever. Farsa y Licencia de la reina castiza, también.
De Sade no me atrevo a hablar porque reconozco que me salto las filosofías esas que mete de vez en cuanto y así no se puede opinar.
Kavafis me gusta mucho, pero es un poco el comodín de toda conversación. Y no me he leído la Montaña mágica, jolines;-)
Pero qué entrada más chula, me gusta el final (oigo arder y me pongo de tu parte;-)))).

Finalmente: un beso, pues bien está lo que bien acaba.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Olga, el Jurado tiene todas mis licencias para decirme lo que le dé la gana. Y tú también, pero eres tan gentil..., que, hala, estoy dispuesto a concederte que Proust es más entretenido que Tolkien. A tus pies.