jueves, 28 de agosto de 2008

Vae victis! (¡Ay de los vencidos!)

Yo soy de los que siente simpatía por los vencidos, aunque no comparta su causa. Me siento más griego que troyano, pero, como Homero, me caen mucho más simpáticos los troyanos, sobre todo Héctor, porque fueron vencidos. A los españoles nos ocurrió lo mismo con los moros: hicimos todo lo posible por echarlos, pero de ellos guardamos muy bellas leyendas donde los príncipes moros quedan siempre muy bien, leyendas que seguramente ellos no tienen.
Me siento muy romano, pero daría el meñique del pie izquierdo por saberlo todo de los cartagineses o por haber conocido a Aníbal.
Hay países que me caen simpáticos sólo por eso: por su mala fortuna. Cuando yo era pequeño, me encantaba mirar un atlas histórico desde el principio al final y no dejaba de sorprenderme por lo mucho que cambiaba de una página a otra el mapa de Polonia y por lo muchísimo que tardaba en aparecer en el atlas Irlanda como país independiente. En general, celtas y eslavos (exceptuando a los rusos) han tenido mala suerte cultural y política en Europa. Precisamente me estoy leyendo un libro titulado Historia de Polonia. Es increíble cómo ese país pudo mantener su identidad cultural a pesar de estar rodeado de tres colosos empeñados durante siglos en aplastarla.
Un brindis por polacos e irlandeses.

4 comentarios:

Yo misma dijo...

Escucha esta canción...
http://es.youtube.com/watch?v=VZ51vDA4XBg . Un saludo

Annabel M. Z. dijo...

Gracias por la visita a mi blog. Seguirá con las puertas abiertas para cuando quieras volver.

Un saludo.

Palamedes dijo...

Esta reflexión tiene relación con la que publicarás el 31 de agosto acerca de la moral del héroe homérico y la del platónico, entre las cuales estarás indeciso.
Me pregunto desde hace mucho tiempo de dónde viene esa atracción por el débil que sentimos como primer impulso, antes de informarnos de por qué es tan débil. Estoy de acuerdo contigo en que los niños no la manifiestan (o no tanto), y eso puede ayudarnos a encontrar la explicación. ¿Se trata de una reacción cívica, que sólo podemos tener cuando hemos comprendido que únicamente podemos sobrevivir como miembros de una sociedad, cuyos miembros, en consecuencia, deben ser amparados tanto más cuanto más debilidad muestren? Hay algo de economía en esa explicación: gasto mis energías en ayudar al débil porque al fuerte no le hacen falta. Puede obeceder también a un cálculo egoísta: si ayudo al débil, en el futuro alguien me ayudará a mí en mis debilidades, y no me pesará que me abandonen cuando sea fuerte, porque con esa fuerza me sobro y basto.
Las dos reacciones, la de ponerse de parte del fuerte o de parte del débil sin más, son injustas por sí mismas porque abarcan mucho y aprietan poco: intentan explicar las cosas humanas con teorías generales que nos ahorran mucho trabajo y nos permiten formular una opinión cualquiera, aunque no sea veraz, para poder seguir adelante. Este es el fallo, en general, de las mal llamadas ciencias sociales, que no pueden ser ciencias si son sociales. Hay que trabajar mucho más o ir más despacio y aclarar, caso por caso, por qué es débil el débil y por qué es fuerte el fuerte.
Polonia (o los polacos) ha sufrido mucho pero también hizo sufrir, y no todas las páginas de su historia merecen admiración o misericordia; a Aníbal no le importó perder a la mitad de sus hombres cruzando los Alpes en pleno invierno. Es cierto que antes de empezar la gesta no sabía cuántos iban a perecer, pero podría haber renunciado a la empresa cuando cayeron las primeras docenas. El soldado romano gozó siempre de mayor respeto y libertad y desde bastante pronto empezó a vivir bajo el imperio de la ley y a gozar de un peculio inviolable que le daba un poder proporcional a su vida.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Interesante tu reflexión. Pero no sé bien cuál es la razón que nos lleva a simpatizar con el débil. Seguramente son todas las que atinadamente apuntas. En mi caso esa simpatía obedece a la compasión: me dan lástima los perdedores, a no ser que la causa que defienden me parezca sencillamente repugnante. Pero si tengo que decidir entre dos bandos enfrentados, no voy a apuntarme al que creo que vaya a perder, sino al que según mi criterio defiende lo más justo. A ver si escribo otra entrada al respecto. Tu texto ha sido un acicate.