sábado, 13 de junio de 2009

Luchar con un ángel

El cariño de mi madre y los ángeles me curaron la enuresis. Se podría decir que la fórmula elegida por los ángeles fue despertarme justo a tiempo para que no me meara. Y así no mojé más la sábana, hasta que llegó la adolescencia y tuve mis primeras e insólitas poluciones espontáneas durante el sueño.


Para entonces los ángeles ya se habían transformado, como mi cuerpo. Ya no eran los querubines de alitas de algodón que durante mis sueños volaban conmigo sobrevolando mi pueblo, sino que eran centuriones de brazos velludos y fuertes, que tan pronto se afeitaban mirándose en un río como echaban conmigo un pulso y, cuando yo creía que estaba ganando, cuando más fuerte y poderoso me sentía, el brazo del ángel me derribaba y yo me desbordaba en el sueño y en la realidad.


Esas primeras experiencias nunca se olvidan.


En realidad, muchas experiencias vitales han sido para mí como luchar con un ángel fuerte y maravilloso y salir, por fortuna, siempre perdiendo.

12 comentarios:

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Siempre tienes presente la figura del ángel, de un ángel, en tu vida.

Deseo que esa figura que tanto te ha dado hasta ahora, permaneza siempre.

Más que álogo, es un deseo. Y beneficiados vamos a salir todos tus lectores.

Ex-supra.

Olga B. dijo...

Compartimos el uso de los ángeles en nuestra vida. Yo a veces sólo los tengo como nostalgia, pero es otra manera de tenerlos.
Aunque reconozco que este uso es francamente original, no se me había ocurrido;-)
Vivir es acumular derrotas, a veces muy dulces, contra extraños ángeles.
Saludos y enhorabuena por la entrada.

Julio dijo...

Albertiano te veo, querido Cotta

Suso Ares Fondevila dijo...

Tan maravilloso, tanto...
Quedo anonadado.
¡Y qué pericia para que no parezca ordinario lo que podría serlo dicho de otra manera!
Bendito seas, Jesús.
De corazón, Suso.

Ángeles L. Satorre dijo...

Querido Jesús, siempre consigues poner una sonrisa en nuestras caras cuando tratas con tanta gracia y fluidez cualquier tema porque no se te resiste ninguno.
Gran maestro, un abrazo.

Yé dijo...

Querido Jesús, tu ternura al narrar estos episodios me conmueve y la imagen de vitalidad desbordante de erotismo contenido en el sello español que has elegido como ilustración me parece hermosa. un abrazo

Jesús Cotta Lobato dijo...

Javier, que tus deseos se cumplan y ojalá te puedas beneficiar de ello.

Olga, las persona que comparten ángeles se llevan bien. Pero no los dejes sólo para la nostalgia.

Julio, no he leído a Alberti, pero seguro que me ha influido.

Suso, tú sí que me dejas anonadado con tus elogios. Un abrazo para ti, al estilo de los ángeles centuriones.

Ángeles, para ti un beso y mil sonrisas. A ver si nos reímos juntos este verano.

Querido Yé, ¡ah el erotismo contenido! Cuántas malas jugadas me ha hecho.

Julio dijo...

¿Cómo que no lo has leído? No me lo creo mucho, querido amigo.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Qué buena la frase final, Jesús. LA fortuna de los perdedores, qué maravilla.
Un abrazo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Julio, la verdad es que reconozco mi pecado. A Alberti lo he leído poco, algún librillo suelto y algunos poemas en antologías y manuales. Créetelo, para mi vergüenza.

Juan Antonio, la fortuna de ser vencido en el amor por quien nos quiere, o en la guerra por quien es más sabio y mejor que nosotros. Cuesta reconocerla, pero es cierta. Un abrazo.

Anónimo dijo...

"Desde ahora no te llamarás Jesús Epifaneo, sino Israel" Puedo asegurar que has luchado contra angeles y siempre has perdido, luchaste en Sevilla y no cruzaste a la otra orilla, luchaste de nuevo y se cruzó en tu vida un angel, volviste a luchar y pediste su bendición , pero cruzaste el Jordán. Aun te quedan más angeles con los que luchar, tus dos hijas. Es mejor luchar con angeles y perder, que luchar contra Dios y ser angeles caidos.
No leer a Alberti no es ningún delito, es tener una mijita de buen gusto.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Aquí está Anónimo que me conoce bien y sabe que siempre perdí con los ángeles. Menos mal. Si no, ¿qué haría yo sin mis hijas? Y en lo de Alberti no sé qué decirte. Es un buen poeta y me lo tengo que leer. Un abrazo.