sábado, 27 de diciembre de 2008

¡Ay las playas!

No sé por qué me gustan tanto las playas. Cuanto más frío hace, más las echo de menos. Cuanto más rubias, salvajes y solitarias, mejor. En la playa no se puede hacer nada más que disfrutar de ella y hacer el bestia y pelearte con las olas o dejarte arrastrar por ellas o hacer un collar de conchas y embadurnarte de arena calentita cuando tienes frío. En la playa disfrutamos más los hombres que sabemos jugar como niños sin dejar de ser hombres.
Si alguna vez estás triste o aburrido, dile a quien más te guste que te lleve a la playa, a una playa sin chiringuitos ni accesos fáciles: que os cueste un poco gozar de su belleza. Allí el sol os dirá qué es lo que tenéis que hacer.

4 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Amén.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Me ha llegado tarde este comentario. No sé si leerás esta respuesta, pero por si acaso, me alegro de tener como colega de bitácora a un secreto admirador de playas solitarias con buena compañía. Un abrazo

Máster en Nubes dijo...

Con permiso, te suelo leer en silencio, -y reír también, los aforismos y diccionario, entre otros- pero has mentado las playas solitarias. Y ahí sí que no puedo permanecer callada. Ay, las playas...

Unico problema: si queremos que sigan siendo solitarias, no hay que publicitarlas jamás. Todo lo más formar una hermandad muy secreta en la que nos pasemos nombres como santo y seña.

Feliz domingo y gracias por escribir.
aurora

Jesús Cotta Lobato dijo...

Para Master en Nubes: ¡tienes toda la razón! Debía haberme callado. Por favor, solicito entrar en esa cofradía secreta que goza de las playas discretamente y respetando su belleza. Y te seguiré. Quiero aprender mucho de las nubes. Un beso