lunes, 22 de septiembre de 2008

Cuando la naturaleza deja de ser un criterio

En un relato de Lem, sale una sociedad humanoide tan avanzada que sus habitantes pueden elegir la forma corporal que prefieran. Pueden ponerse crestas, cola, alas, cuernos, dos o tres cabezas, tener incluso forma de mueble. La gente compite en adoptar las formas más extravagantes y llamativas. Me pregunto si entonces estar apegado a la forma humana sería algo reaccionario y anticuado. Veríamos una foto de Marylin Monroy en pelota y diríamos: "¡Qué primitiva, qué poca imaginación! Mira que dejarse dos tetas, con la de posibilidades que hay entre floripondios, ramas, aletas, escamas y púas de erizo." Llegaría un momento en que la gama de camas y comidas sería infinitamente variada. Ya los niños no comerían pasta, pizza o hamburguesa, sino tuercas, gallinas vivas y gusanos, según si sus cuerpos se parecieran a una trituradora, una boa o un pájaro.