lunes, 8 de septiembre de 2008

Gratitud

Algunos días me levanto enfadado con el mundo. Voy por la calle y me imagino que el tipo que viene en frente me va a escupir y a ofender y entonces me enzarzo en una pelea con él. O que el vecino nos va a poner la música a toda voz de madrugada y que yo entro en su casa y le rompo el aparato de música a martillazos. O vuelvo a episodios desagradables de mi vida, donde me sentí humillado y me veo diciendo y haciendo lo que entonces no se me ocurrió o no tuve el valor de hacer ni de decir. Son venganzas irreales en el pasado. Y entonces sólo puedo redimirme pensando en mi madre, en mis hijas, en las flores, en los árboles, en Dios, y empieza a ensancharme el corazón un sentimiento de benevolencia ante el mundo, la convicción de que a mí me han perdonado más de lo que yo he perdonado, la gratitud por un universo que no entiendo pero donde hay pájaros que cantan y estrellas que brillan más cuanto más oscura es la noche. Un universo así no puede ser malo, aunque no haya quien lo entienda.